Se analiza cómo se representan las relaciones entre los seres humanos y la naturaleza en la literatura infantil y juvenil contemporánea. El corpus está compuesto por álbumes ilustrados premiados en certámenes del siglo XXI organizados por editoriales que publican en castellano y distribuyen sus obras en el Estado español. La investigación se desarrolló mediante un enfoque cualitativo, concretamente a través de un estudio de caso múltiple. El análisis permitió identificar veintitrés álbumes en los que estas relaciones son relevantes, agrupados en tres categorías: 1) armonía entre seres humanos y naturaleza; 2) vulneración de la naturaleza por acción humana; y 3) fascinación por la naturaleza. En trece casos se evidencian opresiones hacia animales o ecosistemas y procesos de desnaturalización. Sin embargo, la mayoría de las obras no señalan explícitamente a los responsables del deterioro ambiental y solo un número reducido fomenta la reflexión sobre la potencialidad de la acción colectiva. Se concluye que los discursos predominantes son de carácter reformista (Bradford, 2003), al presentar los daños como manejables sin cuestionar las estructuras político-económicas subyacentes. Asimismo, se observa una ausencia generalizada de sense of place (Filipova, 2022), lo que puede limitar la comprensión de las desigualdades y la injusticia social vinculadas a los problemas ecológicos.
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Carballal-Miñán, P., Sobrino-Freire, I., & Larragueta, M. (2026). La relación entre naturaleza y seres humanos en álbumes ilustrados premiados en el siglo XXI. Ocnos, 25(2). https://doi.org/10.18239/ocnos_2026.25.2.628
Carballal-Miñán, Sobrino-Freire, and Larragueta: La relación entre naturaleza y seres humanos en álbumes ilustrados premiados en el
siglo XXI
Introducción
La literatura infantil y juvenil (LIJ) ha vinculado la infancia con la naturaleza
desde el siglo XIX, siguiendo la idea rousseauniana de que los niños “están mejor
predispuestos para entender la naturaleza y para entrar en contacto con ella” (). Sin embargo, también ha reflejado tensiones históricas entre humanidad y medio
natural. Con el movimiento ecologista del siglo XX, la naturaleza pasó a concebirse
no solo como espacio privilegiado, sino también como víctima de los seres humanos
(; ; ).
Desde el campo de la literatura tanto para público adulto como infantojuvenil, ha
sido la perspectiva ecocrítica la que ha permitido examinar cómo se representa la
deturpación de la naturaleza amenazada por la presencia humana en las obras literarias,
a la vez que detectar si el medio natural vuelve a concebirse como espacio privilegiado
e idealizado. Bajo esta perspectiva, en este artículo se analiza la relación entre
las personas y la naturaleza en un corpus de noventa y siete álbumes ilustrados premiados
en el s. XXI en certámenes convocados por editoriales que distribuyen sus obras de
manera habitual en el Estado español y en los cuales una de las lenguas de publicación
es el castellano. Asimismo, se pretende detectar qué discursos se privilegia transmitir
al lectorado infantil, si se problematiza o no la vinculación entre seres humanos
y el resto de seres vivos del planeta, si se insta al cuidado del medioambiente y
si los álbumes ilustrados actuales plantean respuestas que organicen a la ciudadanía
a actuar conjuntamente ante la actual crisis climática.
Seres humanos y naturaleza en la literatura infantil
En la LIJ, la naturaleza ha ocupado un lugar relevante desde múltiples enfoques. Así,
han emergido obras centradas en mostrar a los jóvenes lectores la diversidad del mundo
natural (), mientras que otras abordan el enfrentamiento entre los seres humanos y otras formas
de vida —como Moby Dick— o se centran en la dominación humana sobre el entorno —como Robinson Crusoe ()—. No obstante, también se han transmitido visiones edulcoradas de la naturaleza
—presentes en las obras de A. A. Milne ()— y se han escrito relatos en los que el mundo constituye un motivo de fascinación
y exploración — cita las de Jules Verne, y las de Mark Twain—. Aun así, otras ficciones clásicas, como las de Jack London, denuncian
el maltrato animal (). En numerosas obras, los animales se muestran con rasgos humanos, como en las narraciones
de Beatrix Potter, quien mantuvo un compromiso por la preservación del entorno y buscó
ofrecer una imagen armónica de la naturaleza (). No obstante, en los últimos años la antropomorfización animal se ha problematizado
por la complejidad de sus implicaciones semióticas () y diversos autores — , y — sostienen que conferir rasgos humanos a personajes animales podría implicar una
forma de dominación simbólica.
Literatura infantil, ecología y ecocrítica
Desde el último tercio del siglo XX, la LIJ ha incorporado temas que se hacen eco
de las preocupaciones medioambientales, atravesados por los postulados ecologistas.
Los años setenta supusieron cambios que consolidaron el concepto moderno de ecología,
el crecimiento editorial en LIJ y el inicio de su investigación universitaria; esa
coincidencia favoreció la apertura de consideraciones medioambientales y, posteriormente,
de un discurso crítico ().
A partir de entonces, las obras para el público joven incluyeron nuevos temas sobre
la naturaleza. El prisma ecologista reavivó la problematización de la acción humana
sobre el medioambiente y la relación abusiva de los seres humanos con otras especies
(), en consonancia con el giro ambiental de las humanidades y las ciencias sociales.
La crítica al Antropoceno, entendido como época en la que los seres humanos se han
convertido “en una fuerza a escala planetaria [que] tal vez sea ya el principal agente
de cambio en la Tierra” (De-Cózar-Escalante, 2019, p. 14), ha impulsado enfoques
y cuestionamientos teórico-políticos, así como alternativas de relación con el mundo
natural. Los movimientos por la justicia ambiental han acentuado la premisa de Cheryll
Glotfelty —fundadora en 1992 de la Asociación para el Estudio de la Literatura y Medio
Ambiente (ASLE)— de que: “human culture is connected to the physical world, affecting
it and affected by it” (). Superada la oposición entre naturaleza y cultura, han emergido, de manera inter
y transdisciplinar, los estudios de ciencia y tecnología, la historia ambiental, las
geografías híbridas, las ontologías materialistas o relacionales, los estudios animales,
el pensamiento posthumanista, la ecocrítica literaria, la biosemiótica, la ecología
política, la antropología multiespecies y, más recientemente, las humanidades ambientales
como plataforma transversal e inclusiva (), junto con el ecofeminismo, que denuncia la opresión del hombre hacia la naturaleza
en el sistema capitalista ().
Desde la literatura, la ecocrítica se gestó en el entorno estadounidense a finales
de los setenta (; ). Glotfelty resume la ecocrítica como el estudio de la relación entre literatura
y entorno físico; como postura crítica, se sitúa entre la literatura y la tierra,
y como discurso teórico, media entre lo humano y lo no humano ().
Álbumes ilustrados y ecocrítica
Si el punto de partida de la ecocrítica fue la creación de la ASLE en 1992 —seguida
por la revista de la organización, Interdisciplinary Studies in Literature and Environment (ISLE)—, tres años después comenzarían los estudios sobre las obras literarias infantojuveniles.
En 1995 se publicó un número especial de la revista The Lion and The Unicorn titulado “Green Worlds: Nature and Ecology” (1995) y otro sobre “Ecology and the
Child” en Children’s Literature Association Quarterly (invierno de 1994–1995). En 1996, la ISLE editó un conjunto de ensayos sobre The Lorax, de Dr. Seuss (). A partir de estos años, la perspectiva ecocrítica sobre LIJ fue captando el interés
de la comunidad investigadora internacional ().
Gracias a estos estudios puede observarse la evolución de la representación de la
naturaleza en la LIJ. En el ámbito hispánico, describe cómo los problemas medioambientales comienzan a irrumpir en la década de
1970 y cómo las producciones de los años siguientes precisaron catástrofes naturales
y accidentes concretos y situados, a la vez que denunciaban a sus responsables. Hacia
la última década del siglo XX, sin embargo, la LIJ difundió problemas ecológicos globales
y asumió “un discurso basado en recomendaciones para fomentar pautas de conducta responsables”
() instando a los niños a seguirlo. Y además de retrotraer la mirada hacia los clásicos,
los estudios ecocríticos realizados sobre los textos literarios dirigidos a niños
se han fijado en cómo se reflejan determinados elementos naturales en la literatura
infantojuvenil (; ; ; ). Además, varios análisis, como los de , , y , han revisado los motivos vinculados con la naturaleza en los álbumes ilustrados,
cada vez más presentes en el panorama editorial actual.
La mayoría de los estudios citados sobre LIJ ilustrada se han enfocado en dos de las
líneas que Flys et al. (2010) consideran prioritarias: el lugar que ocupa la naturaleza
en las obras literarias y el rescate de la tradición de aquellos escritores que han
prestado especial atención al entorno natural. Sin embargo, el interés de este trabajo
se centra en una tercera línea (también explícita en el artículo antes referido):
la relación entre la naturaleza y los seres humanos. Al respecto, en una investigación
de 2003, Clare Bradford (a partir de las teorías expuestas por ) clasificó las respuestas a los problemas medioambientales en varios libros infantiles
según se adscribieran a discursos reformistas, que consideraban los problemas ecológicos
manejables dentro de la economía política de la sociedad industrial; y discursos radicales,
que promovían la reforma de las estructuras político-económicas. Partiendo de esta
división, se pretende estudiar qué discursos medioambientales subyacen a los álbumes
ilustrados, qué tipo de respuestas se ofrecen ante los problemas ecológicos y si se
insta a la acción colectiva y a la participación ciudadana.
También se han considerado las cuestiones que planteaba , que preguntaba: “Does the narrative conclusion offer an appropriate strategy for
responding to the problem posed in the story, rejecting hierarchy in favor of community
and participatory democracy? Are children left alone to solve ecojustice problems
originally created by the adults?” (p. 328).
Fuentes y metodología
Dada la preeminencia del álbum ilustrado dentro del campo literario infantil en los
últimos tiempos, para resolver las preguntas de investigación este artículo centra
la investigación en el corpus del proyecto de investigación “Literatura Infantil y
Juvenil Actual, Cultura y Educación- Ilustraciones del álbum”, de la Universidad Camilo
José Cela, formado por álbumes galardonados. Se parte de las premisas de o , que se fijan en los premios literarios como configuradores del canon por su potencial
legitimador de la calidad literaria y por su capacidad de llegar a público infantojuvenil
a través de instancias mediadoras, por lo que se considera que los resultados serán,
si no representativos, sí interesantes a la hora de responder a las preguntas de investigación
planteadas.
Para ello, se realiza una investigación de tipo cualitativo, concretamente un estudio
de caso múltiple (). El objetivo ha sido describir cómo se resuelven las preguntas de investigación
en el citado corpus, formado por noventa y siete álbumes premiados en diecisiete premios
convocados en el siglo XXI por editoriales con amplia distribución en el Estado español
y en los cuales una de las lenguas de publicación es el castellano:
- Premio Internacional Compostela para álbumes ilustrados (Kalandraka).
- Concurso Internacional de Álbum Infantil Ilustrado “Biblioteca Insular. Cabildo
de Gran Canaria” (Edelvives).
- Concurso Internacional de Álbum Ilustrado Biblioteca Insular de Gran Canaria (A
Buen Paso).
- Premio Internacional de Ilustración (SM).
- Premio Apila Primera Impresión (Apila).
- Premio Internacional Ciudad de Fuengirola (OQO).
- Certamen Internacional de Álbum Infantil Ilustrado "Ciudad de Alicante" (Anaya).
- Premio Destino Infantil - Apel·les Mestres de álbum ilustrado (Destino).
- Etxepare Saria para la creación de álbumes infantiles (Pamiela).
- Premio Literario Internacional Ciudad de Benicarló - Modalidad álbum infantil ilustrado
(Onada).
- Premio álbum ilustrado (Sargantana).
- Certamen Princesa de Éboli (Anaya).
- Premio Algar de Literatura Infantil - Modalidad cuento (álbum) (Algar).
- Premio Internacional Enric Solbes d'Àlbum Il·lustrat (Bromera).
- Premio de Álbum Ilustrado Miguel Calatayud. Villa de Aspe (Degomagom).
- Concurso de Álbum Ilustrado A la orilla del viento (Fondo de Cultura Económica).
- Premio Internacional de Álbum Ilustrado Edelvives (Edelvives).
El trabajo planteado en este estudio se desarrolló en varias etapas. En primer lugar,
se procedió a la recopilación exhaustiva de los datos correspondientes a los ganadores
de todas las ediciones de los premios objeto de estudio, abarcando un periodo comprendido
entre los años 2000 y 2023. Posteriormente, la información recopilada fue registrada
y sistematizada, facilitando así la digitalización de las obras premiadas. Este paso
resultó fundamental para garantizar el acceso y la manipulación de los textos en formato
digital, permitiendo a las investigadoras realizar un análisis colaborativo de las
obras.
Preguntas de investigación y consideraciones
En el análisis se consideraron las ya citadas preguntas de investigación:
- ¿Qué discursos se privilegia transmitir al lectorado infantil en los álbumes ilustrados
del corpus?
- ¿Se problematiza en ellos la vinculación entre seres humanos y el resto de seres
vivos del planeta?
- ¿Se insta al cuidado del medio ambiente?
- ¿Se plantean respuestas que organicen a la ciudadanía a actuar conjuntamente ante
la actual crisis climática?
Al respecto, creemos necesario incluir algunas consideraciones sobre el corpus. Por
un lado, se han tenido en cuenta todos los álbumes premiados, por lo que la muestra
incluye tanto álbumes con texto literario como álbumes silentes. Por otro lado, dado
que el estudio se limita a los álbumes premiados, no se ha contemplado la franja de
edad de los posibles destinatarios.
También hemos considerado aportaciones como las de , que analizan la antropomorfización animal desde una perspectiva compleja. En esta
línea, especificamos si los animales se presentan como salvajes, si las humanizaciones
funcionan como metáforas de lo humano y cuáles son las implicaciones de estas caracterizaciones.
Asimismo, incorporamos las reflexiones de , y , quienes problematizan las representaciones de animales humanizados como estrategias
de domesticación o afirmación de la centralidad de la especie humana y restan potencialidad
antiespecista a las ficciones infantiles.
Análisis
De los noventa y siete títulos examinados, en veintitrés de ellos las relaciones entre
seres humanos y naturaleza son significativas, lo que representa un 22.31% de la muestra
(la lista de los 23 álbumes ilustrados se muestra en el Anexo I). Dado que las relaciones entre los seres humanos y el entorno natural presentan
diferencias, se han establecido tres categorías temáticas, que se irán describiendo
y analizando:
1. Armonía entre los seres humanos y la naturaleza.
2. Vulneración de la naturaleza por parte de los seres humanos.
3. Fascinación de los seres humanos por la naturaleza.
Armonía entre los seres humanos y la naturaleza
La primera categoría está formada por ocho títulos en los que se prioriza la armonía
entre los seres humanos y el resto de los seres vivos del planeta. Predominan las
visiones de las sociedades tradicionales, que se presentan como respetuosas con el
medio. Las granjas, en las que los animales conviven plácidamente, son los escenarios
en los que transcurren Nilo y Zanzíbar, de Javier García Sobrino y Cristina Müller-Karger y Un loro en mi granja, de Pep Bruno y Lucie Müllerová. Los personajes animales están humanizados y parece
asumirse la domesticación como estado natural de las explotaciones agrícolas. La peripecia
de Una última carta, de Antonis Papatheodoulou e Iris Samartzi tiene lugar en la idílica comunidad de
lo que parece una isla griega, en la que sus habitantes viven en armonía, y en Jacinto y María José, de Dipacho, los dos niños pasan su infancia en una aldea entre manglares y animales
salvajes. De cómo nació la memoria de El Bosque, de Rocío Martínez, cuenta la historia de una mesa que, tras ser realizada por un
leñador, tiene nuevas vidas y funcionalidades hasta volver nuevamente al bosque. En
Mamá, de Mariana Ruiz Johnson, a través de los paralelismos entre una mujer que ha sido
madre y varios animales salvajes con sus crías, “la idea abstracta de madre se concreta
y se expande al mismo tiempo, ya que transciende lo humano y se extiende a la naturaleza
en su conjunto” (). Esta visión biologicista e idealizada de la maternidad, en medio de un entorno
natural idílico supone una muestra de feminismo no constructivista () y se opone a la ciudad, con sus fábricas y contaminación, a la que marcha el hijo
de la protagonista cuando se separa de su progenitora.
En dos de los álbumes de esta categoría, La huerta de Simón, de Rocío Alejandro, y La sopa de Tomás, de Joan Subirana Subí, los terrenos de labradío son espacios en los que la comunidad
se cohesiona para realizar los quehaceres agrícolas. Estos libros poseen un carácter
más utilitarista, centrado en resaltar conceptos como el de la importancia de la ayuda
mutua y la colaboración, tal vez por su orientación hacia las primeras edades. Los
animales están humanizados: en el primer caso son los únicos actantes de la historia,
por lo que podrían considerarse como metáfora de los seres humanos y en el segundo,
los animales antropomorfizados conviven con un agricultor y su nieta. Si seguimos
la tesis de , la convivencia armónica en estos libros aparece supeditada a una jerarquía entre
humanos y animales.
Vulneración de la naturaleza por parte de los seres humanos
En la segunda categoría se encuentran once álbumes ilustrados en los que la relación
no es ideal, sino que los seres humanos y sus prácticas suponen opresiones, daños
o amenazas hacia el resto de los seres vivos y el medio natural. A veces, la injerencia
humana que desestabiliza el resto de los sistemas es contraatacada, si bien predominan
las respuestas de tipo individual y que parten de personajes no humanos. En El ladrón de sombreros, de Susana Sutherland de la Cruz y Rafa Vivas, una instancia que no se nombra descubre
las cabezas de los personajes y los sombreros ocupan las ramas de los árboles que
han ardido en un incendio para hacer de nidos a los pájaros que vuelven de sus migraciones.
Los animales hacen frente a las opresiones humanas en dos títulos. En La fuga, de Cristina Oleby y Pablo Pino, es el elefante protagonista, harto de trabajar en
el circo, el que huye por sí mismo y escapa de la explotación a la que está sometido
para buscar libertad (si bien la humanización del personaje resta fuerza a su esencia
salvaje). Y en La sombra del rey, de Elena Hormiga, también son los animales parlantes los que esta vez hacen frente
al monarca que pretende talar un árbol para tener su sombra. En Ahab y la ballena blanca, de Manuel Marsol, el trasunto de Moby Dick (una ballena no humanizada) consigue
despistar al capitán y hacerle olvidar su obsesión.
No obstante, en El último safari, de Hadi Baghdadi, un cazador, tras ser salvado de caer a un precipicio por una bandada
de pájaros, se redime dejando de cazar. Y en cuatro de los casos son los protagonistas
infantiles los que tratan de reparar el daño. En El perro de Milu, de Mariann Máray, una niña, sola aboga por el antiespecismo, liberando a un oso
(por cierto, no humanizado) del zoológico. Este álbum destaca la importancia de la
empatía hacia los animales y critica las prácticas humanas que los dañan, promoviendo
una reflexión sobre el trato ético hacia otras especies. Y de nuevo otra niña, la
protagonista de Tan especial como quieras ser, de Raquel Díaz Reguera, se opone a la tala de un árbol en su escuela, y su protesta
es seguida por su madre y una delegación de bomberos. Este ejemplo, que es el único
de la categoría en el que la amenaza es únicamente contra una especie vegetal, muestra
cómo la acción individual puede desencadenar una respuesta colectiva, destacando la
importancia de la resistencia pacífica y la acción ciudadana en la protección del
entorno natural. La historia subraya que incluso los más jóvenes pueden liderar movimientos
de cambio y que la solidaridad comunitaria es crucial para enfrentar los desafíos
ecológicos. También en Laura y la tortuga, de Laia M. Ledesma y Carme Ledesma, y en Monstruo verde, de Canizales, los niños y niñas protagonistas actúan para resolver el problema,
primero por sí mismos y luego movilizando la respuesta ciudadana. Sin embargo, el
mensaje demasiado explícito de ambas propuestas elimina cualquier posible atisbo literario,
por lo que los álbumes se convierten en meros modelos de conducta y no en obras artísticas
(obsérvese, también, la humanización del personaje de la tortuga en la primera de
las obras). De hecho, los dos libros parecen abocados a prácticas educativas en las
que, según , se antepone “el objetivo de captar adeptos a una causa ideológica al de educar lectores”
(p. 89).
Otras veces, el daño producido por la actividad humana se queda sin respuesta en la
diégesis literaria. Así, en Bandada, de David Daniel Álvarez y María Julia Díaz, el declive de la civilización de las
aves humanizadas que incluso ha subordinado a otras especies que se representan sin
humanizar (otra vez aparece el circo como metáfora del especismo, en el que un tigre,
entristecido, actúa) ha alcanzado a la totalidad de individuos. La historia termina
sin una solución clara, pero con un resquicio de esperanza en los más jóvenes. Este
álbum critica las estructuras de poder y explotación, sugiriendo que las nuevas generaciones
tienen el potencial de hacer las cosas de manera diferente. Al no ofrecer una resolución
fácil, invita a los lectores a reflexionar sobre las causas profundas de los problemas
ambientales y la necesidad de un cambio sistémico. En Esperando el amanecer, de Fabiola Anchorena, los animales de la selva, que conforman la instancia narrativa
y que han presenciado un cruel incendio, deben aprender a sobrevivir después de la
catástrofe sin que nadie los asista (entendemos que tampoco a los árboles y a las
especies vegetales aniquiladas). Sin embargo, en una de las imágenes de una de las
dobles páginas, los animales parecen mirar a los jóvenes lectores para instarlos a
ayudarles. Este álbum se erige como una excepción a todos los que se han comentado
por dos motivos. El primero es que, en el paratexto final, la propia autora cuenta
cómo la historia está basada en los incendios que asolaron la Amazonía en el año 2019,
mientras otros sucedían también en Australia y varios países europeos. Pero, además,
la autora se distancia de los demás ejemplos descritos señalando a los verdaderos
culpables del desastre: “las personas poderosas que ven a la Amazonía, a nuestro planeta
como un negocio más”. Al tiempo, plantea su propio libro como una crítica: “este proyecto
es mi pequeña contribución, y desde aquí alzo mi voz de protesta” () y muestra al lectorado infantil aquellos grupos cohesionados que hacen frente a
los desastres ambientales y que muestran un camino de lucha ciudadana que los lectores
pueden seguir:
Agradezco enormemente que en Perú existan comunidades nativas de pueblos indígenas
(…) que se preocupan por la conservación y vigilancia de los bosques de la Amazonía.
En todo el mundo existen organizaciones a las cuales apoyar y también contribuir con
ellas difundiendo el gran trabajo que hacen al proteger nuestros bosques, los pulmones
de la tierra ().
Cabe destacar aquí que en esta segunda categoría predomina el daño ejercido contra
los animales como ejemplo de la vulneración natural. En el caso de las especies vegetales,
solo está problematizada la tala de árboles en La sombra del rey y en Tan especial como quieras ser. En Esperando el amanecer, el incendio ha afectado también a las especies vegetales, pero el daño se focaliza
en los animales de la selva. En Monstruo verde y Laura y la tortuga aparece la contaminación de hábitats, pero no se pone el acento en el reino vegetal.
Por tanto, el perjuicio animal se representa más que el vegetal en esta categoría.
Fascinación de los seres humanos por la naturaleza
Finalmente, en la tercera categoría se sitúan cuatro libros en los que se observa
una carencia de contacto con la naturaleza que los/as niños/as protagonistas resuelven.
Es el caso de Selva, de Marina Gibert; El bosque dentro de mí, de Adolfo Serra, ¡Qué niño más lento!, de Lucía Serrano Guerrero, y Un árbol, de Rodrigo Mattioli.
Los dos primeros títulos poseen varias similitudes. Ambos son álbumes silentes, están
protagonizados por niños fascinados por entornos naturales en una suerte de reinterpretación
romántica y acaban llevando la naturaleza a las ciudades a las que vuelven. En Selva, un niño explora un entorno natural exuberante, reflejando una visión romántica de
la naturaleza como un espacio de descubrimiento, maravilla y juego. En El bosque dentro de mí, el pequeño protagonista descubre a orillas de un lago a un ser que le enseña los
secretos del bosque, los pájaros y el cielo estrellado. Ambas obras presentan una
visión idílica de la naturaleza y la infancia, como señala , y muestran a los niños como agentes del cambio y la renaturalización de las ciudades
(). No obstante, son respuestas individuales, pues no hay acción colectiva ni colaboración
ciudadana, ni tampoco aparecen problemas ecológicos; solamente el distanciamiento
entre la ciudad y el bosque/selva. Son títulos que suscitan la imaginación y la vinculación
con el entorno, continuando la tendencia de la LIJ de los años 90 (). La selva y el bosque son los espacios de la subjetividad y del descubrimiento,
de la imaginación, aventura y búsqueda del yo de los jóvenes personajes, con los que
se intenta que se identifiquen los lectores para revincularlos también con la naturaleza
(), en el ejercicio de asombro que proponía . Tanto Selva como El bosque dentro de mí comparten rasgos con otras creaciones examinadas por : “finales felices” y “el hecho de partir de la dicotomía entre espacio natural y
espacio urbano, valorando el primero sobre el segundo y proponiendo un mayor equilibrio
entre ambos” (p. 43). En esta línea y a medio camino entre la literatura y el didactismo
se sitúa Un árbol, de Rodrigo Mattioli, en el que la niña protagonista crea todo un ecosistema a partir
de la plantación de un ejemplar, pero no renaturaliza una ciudad como en los casos
anteriores.
Por último, ¡Qué niño más lento! se relaciona con el tópico horaciano del beatus ille. Agobiado por el ritmo de vida de los personajes de la ciudad (madre, padre, docente
y compañeros/as), el niño protagonista descubre la paz y la tranquilidad en las afueras,
en un entorno campestre poblado de personajes que disfrutan del ritmo pausado de la
naturaleza y en el que el reencuentro o descubrimiento del entorno se convierte en
el final feliz de la diégesis del personaje.
Llama la atención en este último apartado que los animales se muestran siempre de
forma no humanizada, representando tal vez una paulatina mirada antiespecista de la
literatura infantil que se ha ido instaurando en los últimos años (Córdova, s. f.)
y que pretende ser más respetuosa son los animales no humanos dejando de atribuirles
características humanas que pudieran resultar domesticadoras ().
Resultados y conclusiones
Después de analizar y clasificar los datos, presentamos los resultados de las preguntas
de investigación.
En primer lugar, respecto a la relación entre los seres humanos y otros seres vivos
del planeta, esta aparece como significativa en veintitrés libros. De ellos, trece
reflejan falta de contacto con la naturaleza, así como daño o amenaza hacia animales
o ecosistemas, lo que pone de manifiesto la relevancia de esta cuestión en el corpus
analizado.
Once de los trece pertenecen a la categoría 2, vulneración de la naturaleza por parte
de los seres humanos y dos a la 3, fascinación de los seres humanos por la naturaleza.
Esto indica que más de la mitad del corpus presenta escenarios de daño ambiental,
lo que revela una tendencia significativa hacia la problematización de la relación
naturaleza-humanidad.
Sin embargo, y como ya se ha referido, se deben hacer algunas salvedades en cuanto
a esta problematización expresa. La primera es que hay seis álbumes en los que se
refiere el daño, opresión o carencia hacia el mundo natural pero no aparecen los responsables
de este: La Fuga, El perro de Milu, Laura y la Tortuga y El ladrón de sombreros, Selva y El bosque dentro de mí.
En siete ocasiones sí hay agresores, aunque la tendencia es que los causantes del
prejuicio sean personajes individuales: el monarca de La sombra del rey; el cazador de El último safari o Ahab en Ahab y la ballena blanca. También aparece como culpable de querer talar el árbol del patio el director de
la escuela de Tan especial como quieras ser, si bien parece representar a un “nosotros” colectivo (la directiva escolar o el
claustro, que nunca se nombra).
Únicamente en tres obras — El monstruo verde, Esperando el amanecer y Bandada— la culpabilidad se concibe como colectiva. En el primero de los casos, los niños
protagonistas son los responsables, aunque se reconoce que la contaminación y la basura
son problemas colectivos. En los otros dos libros, se indica a los culpables (las
personas poderosas que ven la Amazonía como negocio —tal y como indica el paratexto
de Anchorena— y la civilización de aves, respectivamente). Por tanto, en estos trece
libros analizados se observa la atenuación de la responsabilidad humana y la atribución
del daño hacia acciones individuales, lo que contribuye a diluir la noción de responsabilidad
colectiva.
En segundo lugar, analizaremos quiénes asumen la reparación del daño y la resolución
de los conflictos entre seres humanos y universo natural en las historias. Dentro
de los trece libros que presentan opresiones o amenazas hacia la naturaleza, se analizan
en esta sección once títulos, porque incluyen estrategias explícitas de reparación
por parte de los propios actantes de las tramas (se excluyen, por tanto, Bandada y Esperando el amanecer). De este subconjunto, en dos casos (El último safari y El monstruo verde), son los propios humanos infractores quienes reparan la infracción cometida. En
El ladrón de sombreros, la resolución está presente pero su agencia es una incógnita. En tres obras, la
ayuda humana se omite, ya que son los animales quienes consiguen escapar de la amenaza
(Ahab y la ballena blanca), resolver los problemas causados por las personas (el elefante en La fuga) o ayudar a otras especies en peligro (el león en La sombra del rey, que protege al árbol). Y en otros tres álbumes, son los/as niños/as quienes reparan
el daño ejercido por los adultos, como ocurre en El perro de Milu, o renaturalizan sus ciudades de manera individual (Selva y El bosque dentro de mí). ya señalaba que una de las tendencias de la LIJ era fortalecer la identificación
entre los personajes infantiles y los jóvenes lectores para revincularlos/as con la
naturaleza. No obstante, también podría interpretarse como una tendencia a dejar a
los niños solos para resolver los problemas de ecojusticia creados originalmente por
las personas adultas ().
Aun así, lo cierto es que únicamente en los libros con mensajes más explícitos y poco
matizados (Monstruo verde y Laura y la tortuga), el compromiso medioambiental se extiende a más personajes, incluidos los adultos.
Sin embargo, siguiendo a , este tipo de obras ilustrativas tienden a presentar a los niños protagonistas con
un cariz casi hagiográfico, lo que podría alejar a los lectores más que acercarlos
a indagar sobre las posibles soluciones a los problemas medioambientales.
En conjunto, los once libros analizados (aquellos que incluyen estrategias de reparación,
ya sea por humanos infractores, animales o niños) presentan discursos reformistas,
pues los daños se muestran como manejables y no implican modificar estructuras político-económicas,
que no se señalan como responsables.
Tampoco se responsabiliza al sistema en los únicos ejemplos de reparación colectiva
(Tan especial como quieras ser y Laura y la tortuga). Estos libros promueven una ciudadanía crítica y solidaria con la naturaleza mediante
estrategias como la resistencia pacífica y la acción ciudadana, aunque su eficacia
para incitar a la reflexión es limitada. Además, el enfoque resulta utilitario y moralizante,
más orientado a educar en el cuidado ambiental que a ofrecer una obra literaria que
permita a los jóvenes lectores extraer sus propias conclusiones (). Esto refuerza la idea de que, incluso en los casos de reparación colectiva, el
enfoque sigue siendo utilitario y más pedagógico que literario.
Por el contrario, solo se podrían considerar como radicales () los discursos inherentes a dos obras: Bandada y Esperando el amanecer, ya que señalan a los responsables del daño, que queda expuesto y sin resolver para
incitar al lectorado infantil a cuestionar las estructuras político-económicas que
lo han permitido y a tener agencia ante los problemas, aunque conservando la calidad
artística de los libros. El primero de los álbumes pone en tela de juicio a toda una
civilización de aves que ha entrado en decadencia y alude a que tal vez la infancia
pueda hacer las cosas de otro modo y no repetir los errores de los/as adultos/as (de
nuevo, la responsabilidad se deriva a los más jóvenes). En el caso de Esperando el amanecer, Fabiola Anchorena señala a los culpables de los incendios de la Amazonía —las personas
poderosas que hacen negocio gracias a la naturaleza— y que son amparadas por los sistemas
políticos que sustentan el capitalismo depredador con el medioambiente. Además, marca
la ruta para que los jóvenes lectores enfrenten la injusticia ambiental en comunidad
y a través de la acción colectiva ecologista y organizada que lucha en varios lugares
del planeta, si bien es importante señalar que este discurso explícito aparece en
un paratexto, y no en la obra literaria. Creemos que esto es lo que distingue este
libro de los que son más obviamente aleccionadores.
En consecuencia, los discursos radicales son excepcionales y se concentran en obras
que fomentan el pensamiento crítico sobre el sistema y la potencialidad de la acción
colectiva.
Sin embargo, además de la primacía de los discursos reformistas en el corpus estudiado,
cabe destacar otra característica de los libros. Excepto en el caso de Esperando el amanecer, todas las historias carecen de sense of place (); es decir, que se narran desde lugares sin señas de identidad o no localizados geográficamente.
Es cierto que esta deslocalización de las historias puede apuntar a la idea de que
todos los problemas ecológicos son globales, pero también supone un riesgo para el
lectorado, que no puede conocer que, en términos de justicia ambiental, son los lugares
y los grupos sociales más deprimidos social y económicamente los que son más vulnerables
a la degradación natural, al extractivismo y a la crisis climática (; ). creía que la ecocrítica “will become a multi-ethnic movement when stronger connections
are made between the environment and issues of social justice, and when a diversity
of voices are encouraged to contribute to the discussion” (p. xxiv) y, salvo en el
caso del álbum de Anchorena, los libros del corpus no lo permiten, lo que obstaculiza
la percepción de las desigualdades y de la injusticia social que está detrás de los
problemas ecológicos para el lectorado. La ausencia de localización concreta limita,
por lo tanto, la comprensión de las desigualdades ambientales y reduce la conexión
entre ecología y justicia social.
No obstante, este análisis ha permitido comprobar que la relación entre seres humanos
y naturaleza y, más en particular, la preocupación por la crisis ambiental está ganando
presencia en la literatura infantil premiada en los últimos años, o que se evidencia
una tendencia creciente hacia la incorporación de temas ecológicos en la LIJ. De hecho,
nueve de los trece álbumes que tematizan el daño a la naturaleza han sido premiados
y publicados en los últimos cinco años. Aun así, el corpus estudiado es muy heterogéneo
desde el punto de vista ideológico, pues abarca un rango que se mueve entre el adoctrinamiento
y el buenismo —alineados con una concepción proteccionista de la infancia— y posiciones
abiertamente críticas y potencialmente transformadoras —que vinculan la infancia con
las nociones de agencia y de ciudadanía—. Asimismo, el hecho de que los Bologna Ragazzi
Awards hayan incorporado una categoría especial dedicada a la sostenibilidad hacen
pensar que la ecoliteratura infantil quizás no sea una moda pasajera, sino una tendencia
importante en el panorama literario actual. Solo el tiempo dirá qué proyección tendrán
en ella los nuevos discursos sobre la ecología y la justicia global.
Iria Sobrino Freire: Análisis formal; Conceptualización; Curación de datos; Escritura - revisión y edición;
Investigación; Metodología; Recursos; Validación; Visualización.
Marta Larragueta: Administración del proyecto; Análisis formal; Conceptualización; Metodología; Recursos;
Supervisión; Validación; Visualización; Adquisición de fondos.
Financiación
Este trabajo se enmarca en el proyecto AICEC financiado con fondos de la XII Convocatoria
de Investigación de la Universidad Camilo José Cela.
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Apéndices
Anexo I. Álbumes ilustrados estudiados ordenados cronológicamente por premios
Premio Internacional Compostela para álbumes ilustrados Kalandraka
Díaz-Garrido, M. J., & Álvarez-Hernández, D. D. (2012). Bandada. Kalandraka.
Ruiz-Johnson, M. (2013). Mamá. Kalandraka.
Samartzi, I., & Papatheodoulou, A. (2016). Una última carta. Kalandraka.
Alejandro, R. (2017). La huerta de Simón. Kalandraka.
Máray, M. (2019). El perro de Milu. Kalandraka.
Gibert, M. (2021). Selva. Kalandraka.
. Esperando el amanecer. Kalandraka.
Concurso Internacional de Álbum Infantil Ilustrado “Biblioteca Insular. Cabildo de
Gran Canaria” (Edelvives)
García-Sobrino, J., & Müller, C. (2007). Nilo y Zanzíbar. Edelvives.
Sutherland-de-la-Cruz, S., & Vivas, R. (2008). El ladrón de sombreros. Edelvives.
Bruno, P., & Müllerová, L. (2009). Un loro en mi granja. Edelvives
Premio Apila primera impresión (Apila)
Mattioli, R. (2019). Un árbol. Apila Ediciones.
Baghdadi, H. (2023). El último safari. Apila Ediciones.
Premio Destino Infantil - Apel·les Mestres de álbum ilustrado (Destino)
Díaz-Reguera, R. (2022). Tan especial como quieras. Destino Infantil & Juvenil.
Hormiga, E. (2024). La sombra del rey. Destino.
Premio álbum ilustrado (Sargantana)
Ledesma, L. M., & Ledesma, C. (2024). Laura y la tortuga Editorial Sargantana.
Premio Internacional Enric Solbes d'Àlbum Il·lustrat (Bromera)
Canizales (2020). Monstruo verde. Algar.
Subirana-Subí, J. (2021). La sopa de Tomás. Algar.
. La fuga. Bromera.
Concurso de Álbum Ilustrado A la orilla del viento (Fondo de Cultura Económica)
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Premio Internacional de Álbum Ilustrado Edelvives (Edelvives)
Marsol, M. (2014). Ahab y la ballena blanca. Edelvives.